10 de noviembre de 2020

Bajarse del Pony: Separatismo, Arrogancia y Construcción del enemigo

de  Julieta Massacese,

Capítulo del libro «Críticas sexuales a la razón punitiva. Insumos para seguir pensando junt*s»

0.1 Bajarse del pony
Reflexiones medio al tun-tun sobre cómo activamos políticamente. Algunas preguntas disparadoras:
↓ ¿Necesitamos un enemigx para activar?
↓ ¿Cómo lx caracterizamos?
↓ ¿Activamos para nosotrxs o para otrxs?
↓ ¿Buscamos separatismo o integración?
↓ ¿Se trata de estrategias separables o integrables entre sí?
↓ ¿Somos la muerte de la moral, somos guerrilla de la subversión sexual?
↓ ¿Olé olé, o más bien, olé olá?
↓ ¿A qué pony nos hemos subido o hemos podido habernos subido?
↓ ¿Es posible bajarse del mismo?
↓ ¿Qué piensa el pony de todo esto?
0.2 Separatismo o integración
Comencemos realizando algunas distinciones: no es lo mismo un espacio separado que un movimiento separatista. Estos dos conceptos (aclaración al margen en el texto: espacio separado y movimiento separatista) puede que se den juntos o no. Pienso: en un movimiento que busca la integración, puede que haya algunos espacios separados. Así como un movimiento de tipo separatista ha de coincidir con otros que no lo son en distintas actividades (debido a que la vida se da toda junta.)
En ocasiones, se precisa de una cierta separación. Muchos movimientos que se dieron sus propias políticas tuvieron momentos de separación, precisaron cortar con un contexto que no podía leer sus necesidades y se agenciaron espacios propios (aclaración al margen en el texto: Ya tu sabeh que a veces está re bien.) En algunos casos, esto les sirvió para luego promover su propia integración, en otros, quisieron continuar/enfatizar su carácter separado. En ocasiones, por cuestiones de pertinencia, por la sensibilidad de los temas, por el estado afectivo de lxs participantes, o por razones estratégicas variadas, son ricos los espacios separados.
Hay temas que no tiene sentido hablar si no es en algún grado de paridad o experiencia compartida, y puede ser realmente frustrante destinar las energías limitadas de una reunión social a explicarse frente a quienes no viven dichas realidades. Para quienes no han tenido ocasión de verse cara a cara con otrxs como ellxs, un espacio separado puede ser una bocanada de vida frente a un mundo que parecía totalmente solitario. También, para quienes habitaban de forma subsidiaria espacios en los que no eran escuchadxs, la generación de un espacio propio puede ser un acto de autonomía muy valioso, que puede incluso habilitar, posteriormente, nuevas alianzas con condiciones más igualitarias.
Por ello, en muchos movimientos, hay momentos separatistas, o espacios separatistas, que resultan necesarios y productivos, en particular al inicio de estos movimientos (aclaración al margen en el texto: Ojo con irse de mambo al pedir credenciales.) Sin embargo, deben enfrentarse al desafío de decidir quiénes quedan dentro y quiénes quedan fuera de las convocatorias, asunto para nada menor, ya que:
↓ Puede requerir un montón de energía extra frente a las demandas de participación de quienes incluso, aunque pudieran ir, no irían (acusaciones varias extenuantes, por ejemplo, de tipos cis que nunca irían al encuentro de mujeres aunque les hicieran un taller especial para ellos.) (Aclaración al margen en el texto: No alimentar al troll.)
↓ Puede implicar injusticia con personas que estén en las fronteras de la convocatoria o que por razones discriminatorias sean dejadas de lado. Siempre que se dibuja un perfil deseable/una imagen de lo que se espera, se corre el riesgo de reproducir sesgos, prejuicios y violencia que terminen por dejar gente afuera que -en más de una ocasión- debería tener su lugar (una classic: la exclusión de las travas y mujeres trans en el encuentro nacional de mujeres.) (Aclaración al margen del texto: Acá sí ojito.)
En resumen, puede ser útil tener espacios separados. A mí me sirvió poder hablar con otras pibas abusadas, reconocerme en ellas y también reconocer las diferencias que había entre nosotras. En un primer momento de vulnerabilidad, me resultaba bastante difícil poder hablar con soltura con una persona que no ha pasado por algo similar. Con el tiempo, me hubiera detenido quedarme allí: necesitaba poder hablar del tema con otras personas, no con todas ni de la misma manera, pero precisaba también que parejas, familiares y amigxs tuvieran un registro de aquello y que se genere cierta conversación en torno a eso, porque el mundo (y mi mundo) está compuesto de todo tipo de gente. (Aclaración al margen del texto: El mundo es nada que ver con lo que una puede llegar a pretender.)
También disfruté de otros espacios separatistas. En particular, de espacios de lesbianas. Hoy en día, pienso que esos espacios excluían a personas tan relevantes para mí hoy, que prefiero y he de preferir discutir esas convocatorias y/o irme con mis amigas.
Un punto que me faltó arriba, respecto a los riesgos, es el de los casos en los cuales la identidad es un [aparente] check pero la caracterización política es la que resulta excluyente. Un ejemplo afanado de un amigo que recientemente dudó si ir a una reunión trans/ no binaria en la cual estaban “contra todo binarismo”. Él, que es un varón trans, me dijo: “si voy, tengo que ir a explicarme, así que mejor no voy”. Agregaba que por la caracterización política que hacían no se hubiera sentido bienvenido. Hay uno (y más de un) ranking de identidades más “combativas”, “disruptoras”, y en consecuencia se clasifican también otras como conservadoras, “menos copadas”, e incluso sospechosas.
Varón es una de ellas. Otra es bisexual: en un evento cualquiera, para lesbianas o para putos el mensaje es “sí, podés venir, pero tenés que subsumirte a una bajada identitaria/ política determinada”. En lo concreto, se traduce en que mientras nos parezcas lesbiana o trolo todo ok, pero no traigas agenda ni existencia bi a nuestros espacios.
0.3 El problema del pony
Hay un problema que se relaciona con el separatismo muy íntimamente que es: SUBIRSE AL PONY.
Denomino subirse al pony cuando alguien entra en una carrera tan inútil como porteña de ver quién está más “deconstruidx” : la “deconstrucción” hoy en día puede significar ser crítica (algo que estaría un poco cerca de su acepción filosófica), o más bien, como señalo en este texto, ser ridículamente autoafirmativa y soberbia en cuanto a empoderamiento y (presunta) vida outsider se refiere.
Entonces si una es “une pibi re mostri mutante no binarie vegan anti- especista no monogámica bdsm” está acercándose bastante a lo que en Capital Federal se llama disidencia. Esta acepción es muy porteña digo, puesto que, hace un par de días, estuve en el festival del Bolsón, el décimo. Allí le llaman “diversidad”, término sin dudas bastante lavado (quién podría negarlo) que haría sangrar los ojos a toda la “disidencia” porteña. Sin embargo en dicho festival, nadie pidió carnet de identidad a nadie y pasamos un muy buen momento de conversación y activación política. Hay que tener en cuenta que cuando sos cinco gatxs locxs en un pueblo, te conviene más unir que dividir (enseñanzas del activismo patagónico.)
“Disidencia”, justamente muestra un carácter oposicional. Si una pregunta qué es lo que se disiente, la respuesta será el heteropatriarcado, o un “heterocispatriarcado”, “el régimen hétero”, quizá el “binarismo de género”, etcétera. Es “disidencia” porque está en contra de, frente a. Está muy bien oponerse a algo, el problema es a qué costo, y principalmente si en ese costo están incluidas tus compañerxs.
El real drama es, a mi juicio, cuando una cree que por habitar cierto lugar realmente es superior a alguna otra persona. Si, en efecto, como decía la Sandra Harding, hay cosas que se ven desde los márgenes que nunca verás desde el centro. Pero hoy en día me pregunto cuántas veces estamos en el centro y cuántas en los márgenes. Y en todo caso ¿qué significa estar en los márgenes? ¿queremos estar, o que nuestrxs compañerxs lo estén? ¿podemos generalizar el deseo de inclusión, o de marginalidad?

0.4 ¿Separación o integración?
Y volviendo al tema, es decir al problema de SUBIRSE a un equino de baja estatura, que por cierto nada tiene que ver con todo este asunto, me preocupa gravemente la necesidad imperiosa de generar enemigxs. No porque no los haya, sino porque fallemos gravemente en conceptualizarlxs, identificarlxs, combatirlxs, e incluso ignorarlxs.
Porque me preocupa que:
↓ Gastemos todas nuestras energías en la “indignación”, emoción que puede ser tan propia de los movimientos sociales como de TN (Todo Noticias.)
↓ Realmente nos comamos el cuento, el GRAN CUENTO DE HADAS de que hay un camino que nos va a proveer felicidad, liberación, revolución y quién sabe qué, en lugar de registrar que los caminos son muy distintos para cada quien.
↓ Hagamos la gran ENEMIGX INTERNX, y en vez de laburar en tal caso los reales dramas que tenemos entre nosotrxs, nos dediquemos a policearnos y a señalar a nuestras compañerxs, en particular cuando hacen cosas que despiertan nuestra propia inseguridad (pienso: ser trabajadoras sexuales, ser trans, ser personas binarias o no serlo, ser bisexuales, ser/ no ser monogámicas, etcétera.)
↓ Pensar demasiado mucho en tu enemigx puede volverse en contra: mirá sino Uma Thurman en Kill Bill. Dos películas enteras meta katana, sangrando, internada, hecha goma, mata dos mil ninjas… sangre, sudor, lágrimas y luego [spoiler alert] lo logra: al final mata a Bill, y por ende no sabe qué hacer con su vida.
↓ La soberbia: una emoción horrible, propia de la gente que carece de autocrítica y humildad. Usualmente es moralista, apologista, altanera, es uno de los siete pecados capitales (ahre.)
Ya sé que toda comunidad dibuja una forma de vida, y que así como es muy habilitante puede ser totalmente coercitiva. Si alguien piensa que por criticar y ser un poco cínica también he encontrado mi comodidad se equivoca: escribo porque estoy totalmente incómoda (aunque es innegable que me gusta criticar.) Vamos con las propuestas.
BAJARSE DEL PONY implica. . .
↓ . . . no hacer apología de la propia posición: es tan relativa como cualquier otra, y puede estar tan destinada al más vil fracaso como cualquiera. No todo el mundo quiere ser o no ser una persona binaria, ser o no ser lesbiana, ser o no ser poliamorosa, etc.
↓ . . . no ser moralista y ser prudente: que estemos todxs en facebook no significa  que sepamos mucho de nadie realmente. Que mucha gente diga algo o que algo suene “más combativo” puede ser una tremenda pelotudez. Mejor leer, escuchar, comprender (repetir varias veces.)
↓ . . . no hay posiciones más políticas per se. Obviamente si tu lucha es ser vegana por los derechos de lxs animales, es una lucha política, o si sos trosko, también. Con quién te puedas acostar es algo que está fuertemente atravesado por la política (y por + factores sociales que pueden ser terriblemente jodidas, como la guita) y todo empeora gravemente si tus gustos y si tu corporalidad no son los socialmente aceptados. Pero que te cubras de glitter y cantes Gloria Trevi un sábado no necesariamente te convierte en Rosa Luxemburgo. Y algo más importante, a mi modo de ver: que te definas de tal o cual manera no te hace más o menos “política” que otra persona, ni más o menos válidx.
↓ . . . dejemos de caricaturizar al resto. Y con esto me refiero: incluso a la gente hétero. (Aclaración al margen del texto: #NotAll Pakis Ahre.) Muchxs de nosotrxs habitamos igual que ellxs un montón de posiciones dominantes, y sí, eso significa que somos un forrxs de mierda en muchísimas ocasiones y que en otras también nos ponen en lugares sin preguntarnos. Los privilegios existen, son muy reales, pero usualmente no se los tiene todos (salvo gente muy afortunada.)
Esto no significa que no existan, sino que pueden ser relativos, potenciarse o despotenciarse entre sí. En todo caso, hay que laburar para distribuirlos, para desactivar los mecanismos que los hacen posibles. Pero ojo con señalar, que puede que te devuelvan el dedo y hay que estar dispuestx también. (Aclaración al margen del texto: Moderame el dedito.)
↓ …por ello, a veces, bajar es subir. En ocasiones bajarse del pony implica reconocer que se tiene un privilegio. Un classic al respecto es el de putos y tortas cis que no quieren reconocer que tienen actitudes cisexistas (y que incluso son cis), porque les resulta inconcebible ya no ser de la clase oprimida y por el contrario, reconocerse en un lugar de poder.
↓ …otras veces, bajar es subir porque implica salir del lugar de víctimas. Políticas victimistas es lo que esperan de nosotrxs, y el lugar en el que nos han puesto y nos quieren poner. Nada se gana romantizando ese lugar, o generando comparativas en las cuales ciertos dolores tienen que importar más que otros. Y con esto no digo que no tengamos prioridades: las necesitamos, pero podemos acompañarnos comprendiendo la singularidad y la irreductibilidad de las experiencias. Cortar con la carrera de a-ver-quién-está-peor es una buena manera de bajarse del pony.
↓ …otra vez: no caricaturizar al (supuestx) enemigx. Que una piba sea monogámica ¿la convierte en una enemiga o en una boluda? ¿o simplemente está eligiendo lo que quiere para su vida? Quizá, está en un loop automático de escalera mecánica de las relaciones, quizá probó de todo y se dio cuenta que prefiere otra cosa (aclaración al margen del texto: Juzgar menos, que queda feo.)
↓ …y otra vez: dejemos de caricaturizar al resto. Y aquí señalo que “machirulo” es un término utilizado por una conocida youtuber española, término importado si lo hay. Lo usó en un video, justamente, para caricaturizar. Y es que a veces los tipos cis hetero se caricaturizan solos, pero ojo, no vaya a ser que en esa operación la caricatura terminemos siendo nosotrxs.
Y por supuesto, desconfiar. “Somos la mueca de lo que soñamos ser” dice el tango. Mejor bajémonos del pony y caminemos juntxs.
0.5 Epílogo: Autodescenso del Pony
Aunque parezca enojada, y lo estoy, creo que estoy equivocada en muchas cosas (aclaración al margen del texto: También he de bajarme.) Porque también estoy sesgada, y porque estoy pensando en esto con muy poca gente, aunque probablemente mucha otra comparta preocupaciones similares.
Mi perspectiva es la de alguien que se siente un poco decepcionada. Y ese tono aparece, pero no quisiera venir a decir lo que hay que hacer, porque la verdad es que estoy bastante perdida; ni tampoco me siento por fuera del asunto, o no hubiera destinado tiempo a este fanzine.
Quién no se ha sentido -aunque sea un poco- vanguardista, mejor que otrx, en el camino luminoso, quién no ha desconfiado de la identidad/validez de alguien, o le ha hecho algún reproche mental (del tipo que sea.) En todo caso es importante recordar cómo terminaron las vanguardias (aclaración al margen del texto: [Spoiler alert]: Fracasaron.) Todxs o casi todxs parecemos tener roturas, inseguridades y dolores que nos impulsan a buscar un poni, a encontrarlo medio donde sea (o hilar un relato en el que esto sucede), y a fin de cuentas a subirnos a dicho animal.
Sí, el pony no tenía mucho que ver, son hermosxs y es lindo traerlxs. La expresión bajarse del pony podría suponer una discriminación hacia los seres de baja estatura. Creo que en el caso del pony es uno de los aspectos que lo hacen bellx y singular. Justamente por ello habría que respetarlxs y no realizarles la equitación. Quizá el día de mañana lxs ponis hablen y digan “basta de apropiación cultural”, “no somos una figura retórica”. Ese día este fanzine no sólo no será necesario, sino quizás, contraproducente.

Nota de MALEZA: Si te interesa el libro que contiene este texto

Nicolás Cuello y Lucas Morgan Disalvo ( compiladores) ( 2018) Críticas sexuales a la razón punitiva. Insumos para seguir pensando junt*s. Disponible desde internet en:

https://www.bibliotecafragmentada.org/wp-content/uploads/2019/12/criticas-sexuales-a-la-razon-punitiva.pdf Formato pdf

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