24 de enero de 2021

Seguir con el problema, Donna Haraway

Introducción

Trouble (problema, dificultad, disturbio) es una palabra interesante. Deriva de un verbo francés del siglo XIII que significa “suscitar”, “agitar”, “enturbiar”, “perturbar”. Vivimos (todos los seres sobre Terra) en tiempos perturbadores, tiempos confusos, tiempos turbios y problemáticos. La tarea es volvernos capaces de dar respuesta de manera recíproca, en todos nuestros arrogantes tipos. Los tiempos confusos están anegados de dolor y alegría; de patrones ampliamente injustos de dolor y alegría, de un innecesario asesinato de la continuidad, pero también de un resurgimiento necesario. La tarea es generar parientes en líneas de conexión ingeniosas como una práctica de aprender a vivir y morir bien de manera recíproca en un presente denso. Nuestra tarea es generar problemas, suscitar respuestas potentes a acontecimientos devastadores, aquietar aguas turbulentas y reconstruir lugares tranquilos en tiempos de urgencias, es tentador tratar el problema Imaginando la construcción de un futuro seguro, impidiendo que ocurra algo que se cierne en el futuro, poniendo en orden presente y pasado en aras de crear futuros para las generaciones venideras, Seguir con el problema no requiere de este tipo de relación con los tiempos llamados futuro De hecho, seguir con el problema requiere aprender a estar verdaderamente presentes, no como un eje que se esfuma entre pasados horribles o edénicos y futuros apocalípticos O de salvación, sino como bichos mortales entrelazados en miradas de configuraciones inacabadas de lugares, tiempos, materias, significados Chthuluceno es una palabra simple. Es un compuesto de dos raíces Tales griegas (khthón y kainos) que juntas nombran un tipo de espacio tiempo para aprender a seguir con el problema de vivir y morir con respons-habilidad (responsabilidad y habilidad en dar respuesta) en una tierra dañada. Kainos significa ahora, un tiempo de comienzos, un tiempo para la continuidad, para la frescura. Nada en kainos debe significar pasados, presentes y futuros convencionales, No hay nada en los tiempos de comienzos que insista en eliminar completamente lo que ha venido antes ni, ciertamente, lo que viene después. Kainos puede estar lleno de herencias, de memorias y también de llegadas, de criar y nutrir lo que aún puede llegar a ser. Entiendo kainos como una presencia continua, densa, con hifas ( filamento que con otros forma el cuerpo vegetativo de los hongos) infundiendo todo tipo de temporalidades y materialidades.
Los chthónicos son seres de la tierra, antiguos y de última hora a la vez. Los imagino repletos de tentáculos, antenas, dedos, cuerdas, colas de lagarto, patas de araña y cabellos muy desenmarañados, Los chthónicos retozan en un humus multibichos, pero no quieren tener nada que ver con el Homo que mira al cielo. Los chthónicos son monstruos en el mejor sentido: demuestran y performan la significatividad material de los bichos y procesos de la tierra. También demuestran y llevan a cabo consecuencias. Los seres chthónicos no están a salvo; no quieren tener nada que ver con las ideologías; no pertenecen a nadie; se retuercen, se deleitan y crecen profusamente con formas variadas y nombres diversos en las aguas, los aires y los lugares de la tierra. Hacen y deshacen; son hechos y deshechos. Son quienes son. No es de extrañar que los grandes monoteísmos del mundo, tanto los de disfraz secular como religioso, hayan intentado una y otra vez exterminar a los chthónicos. Los escándalos de los iempos llamados Antropoceno y Capitaloceno son las últimas y más peligrosas de estas fuerzas exterminadoras. Vivir-con y morir-con de manera recíproca y vigorosa en el Chthuluceno puede ser ana respuesta feroz a los dictados del Ántropos y el Capital. Multim
Pariente [kin] es una categoría salvaje cuya domesticación es intentada por personas de todo tipo. Generar parientes en parentescos raros más que, o al menos sumándole, el parentesco divino y la familia biogenética y genealógica, problematiza asuntos importantes, como ante quién se es responsable en realidad. ¿Quién vive y quién muere, y de qué manera, en este parentesco en lugar de en aquel otro? ¿Qué forma adquiere este parentesco, dónde y a quiénes conectan y desconectan sus líneas, y qué pasa con ello? ¿Qué debe cortarse y qué enlazarse para que los florecimientos multi- especies sobre la tierra (incluidos humanos y alteridades no humanas en parentesco) tengan una oportunidad?
Una figura ubicua en este libro es SF: ciencia ficción, fabulación especulativa, figuras de cuerdas, feminismo especulativo, hechos científicos y hasta ahora (SF son las siglas en ingles de todas esos conceptos . Esta reiterada lista gira y orbita a lo largo de las próximas páginas, en palabras e imágenes, entrelazándonos a quienes me leen y a mí en seres y patrones en riesgo. El hecho científico y la fabulación especulativa se necesitan mutuamente ambos necesitan al feminismo especulativo. Pienso en SF y el juego de cuerdas en un triple sentido de la figuración En primer lugar, sacando fibras promiscuamente de entre prácticas y eventos densos y coagulados, intento seguir el camino de los hilos para poder rastrearlos y encontrar sus marañas y patrones cruciales para seguir con el problema en tiempos y lugares reales y particulares. En este sentido, SF es un método de rastreo, seguir un hilo en la oscuridad, en un peligroso relato verdadero de aventuras en el que quién vive, quién muere y de qué manera podría llegar a ser más evidente para el cultivo de una justicia multiespecies. En segundo lugar, la figura de cuerdas no es el rastreo, sino más bien la cosa en cuestión, el patrón y ensamblaje que requiere respuesta, la cosa que no es una misma pero con la que una tiene que seguir andando. En tercer lugar, hacer figuras de cuerdas es pasar y recibir, hacer y deshacer, coger hilos y soltarlos, SF es práctica y proceso: es devenir-can da manera recíproca en relevos sorprendentes; es una figura de la continuidad en el Chthuluceno.
El libro y la idea de “seguir con el problema” se impacientan especialmente con dos respuestas a los horrores del Antropoceno y el Capitaloceno que oigo con demasiada frecuencia. La primera es fácil de describir y -creo – de descartar: se trata de la fe cómica en las soluciones tecnológicas, ya sean seculares o religiosas. De alguna manera, la tecnología vendrá al rescate de sus traviesas, pero astutas criaturas o, lo que vendría a ser lo mismo, Dios vendrá al rescate de sus desobedientes pero siempre esperanzadoras criaturas. Ante esta conmovedora estupidez sobre las soluciones tecnológicas (o el tecno-Apocalipsis), a veces es difícil recordar que sigue siendo…do-Apocalipsis), a veces es difícil recordar que sigue siendo importante el sumarse a proyectos tecnológicos situados y a sus gentes, No son el enemigo, pueden hacer muchas cosas importantes para seguir con el problema y generar raros parentescos generativos.
La segunda respuesta, más difícil de descartar, es probablemente aún más destructiva: concretamente, una posición en la que se da por terminado el juego, en la que es demasiado tarde y no tiene sentido intentar mejorar nada, o al menos no tiene sentido tener una confianza activa recíproca en trabajar y jugar por un mundo renaciente. Conozco personas de la comunidad científica que manifiestan este tipo de cinismo amargo, aunque ellas mismas trabajen duramente para marcar una diferencia positiva para las personas y otros bichos. Algunas personas que se describen a sí mismas como críticas culturales o progresistas en política también piensan así. Creo que la extraña pareja de trabajar y jugar por el florecimiento multiespecies con habilidad y energía tenaz y, a la vez, manifestar una actitud explícita de game over que puede -y de hecho lo hace desanimar a otras personas (incluyendo a estudiantes) es propiciada por diversos tipos de futurismo. Uno de ellos parece creer que las cosas realmente importan solo si funcionan. O, peor, que algo importa solo si lo que yo y mis colegas expertos hacemos funciona para arreglar las cosas. Más generosamente, a veces los científicos y otras personas que piensan, leen, estudian, agitan y se preocupan saben demasiado, y se les hace demasiado pesado. O, al menos creemos que sabemos lo suficiente como para llegar a la conclusión de que la vida en la tierra que incluye a las personas de una manera tolerable ha llegado realmente a su fin, que realmente se acerca el Apocalipsis.
Esta actitud tiene todo el sentido en medio de la sexta gran extinción de la tierra y de abrumadoras guerras, extracciones y pauperizaciones de miles de millones de personas y otros bichos por algo llamado “beneficio” o “poder”; o, de hecho, algo llamado “Dios”. Una actitud de game over se impone en los vientos huracanados no solo de saber, sino de sentir que la cantidad de humanos estará a punto de superar los once mil millones de personas en 2100. Esta cifra representa un incremento de nueve mil millones de personas a lo largo de los 150 años que van desde 1950 a 2100, con consecuencias enormemente desiguales para personas pobres y ricas -por no mencionar las cargas enormemente desiguales impuestas a la tierra por las personas ricas en comparación con las pobres y consecuencias aún peores para los no humanos en casi todas partes. Hay muchos otros ejemplos de realidades nefastas: las Grandes Aceleraciones de la postguerra de la Segunda Guerra Mundial han dejado sus marcas en las rocas, aguas, aires y bichos de la tierra. Hay una fina línea entre el reconocimiento de la vastedad y seriedad de los problemas y el sucumbir a un futurismo abstracto y a sus afectos de desesperación sublime y sus políticas de indiferencia sublime.
Este libro argumenta e intenta performar, evitando el futurismo, que seguir con el problema es a la vez más serio y más animado. Seguir con el problema requiere generar parentescos raros: nos necesitamos recíprocamente en colaboraciones y combinaciones inesperadas, en pilas de compost caliente. Devenimos-con de manera recíproca o no devenimos en absoluto. Este tipo de semiótica material es siempre situada, en algún lugar y no en ningún lugar, enredada y mundana. A solas, desde nuestras maneras distintivas de experiencia y pericia, sabemos a la vez demasiado y demasiado poco, y así sucumbimos a la desesperación o la esperanza. Ninguna de las dos es una actitud sensata. Ni la desesperación ni la esperanza están en sintonía con los sentidos, ni con la materia consciente, la semiótica material o los terrícolas mortales en densa copresencia, Ni la esperanza ni la desesperación saben enseñarnos a “jugar a figuras de cuerdas con especies compañeras”, el título del prime, capítulo de este libro.
Seguir con el problema se inicia con tres largos capítulos. Cada uno de ellos rastrea historias y figuras para generar parientes en el Chthuluceno, con el fin de romper ataduras con el Antropoceno y el Capitaloceno. Las palomas, en toda su mundana diversidad -desde criaturas del imperio a pájaros de carreras de trabajadores, desde espías de guerra a colegas de investigación científica, desde colaboradoras en activismos en el mundo del arte en tres continentes a plagas y compañeras urbanas funcionan como guías del capítulo 1.
En sus hogareñas historias, las palomas dan paso a una práctica de “pensamiento tentacular”, título del segundo capítulo. En él, expando el argumento de que el individualismo limitado, en sus distintos sabores en la ciencia, la política y la filosofía, se ha demostrado finalmente incapaz para pensar con, es verdaderamente impensable, técnicamente o de cualquier otra manera. Simpoiesis (generar-con) es una palabra clave a lo largo del capítulo, a medida que exploro los regalos al pensamiento que necesitamos, ofrecidos por teóricos y narradores. Mis colegas de los estudios de la ciencia, la antropología y la narración (Isabelle Stengers, Bruno Latour, Thom van Dooren, Anna Tsing, Marilyn Strathern, Hannah Arendt, Ursula Le Guin y más) son mis compañeros en el pensamiento tentacular. Con su ayuda, presento los tres cronopaisajes del libro: el Antropoceno, el Capitaloceno y el Chthuluceno. Medusa (la única gorgona -En mitología griega, una gorgona era un despiadado monstruo femenino mortal, representada como Señora de los Animales), aliada con el pulpo del día del Pacífico, salva el día y termina el capítulo. El capítulo 3, “Simbiogénesis y las artes vitales de seguir con el problema”, teje los hilos de la simpoiesis en la biología ecológica y gorgona mortal, representada como Señora de los Animales), aliada con el pulpo del día del Pacífico, salva el día y termina el capítulo.


_El capítulo 3, “Simbiogénesis y las artes vitales de seguir con el problema”, teje los hilos de la simpoiesis ( hacer-se-con) en la biología ecológica y evolutiva del desarrollo y en los activismos de arte-ciencia comprometidos con cuatro lugares emblemáticos turbulentos: los holobiomas de los arrecifes de coral; la zona carbonífera de Black Mesa en las tierras navajo y hopi y otras zonas de extracción de combustibles fósiles, con impactos especialmente devastadores sobre los pueblos indígenas; los complejos hábitats forestales de los lémures en Madagascar; y las tierras y mares circumpolares de América del norte, sujetos a nuevos y viejos colonialismos y atenazados por el deshielo acelerado. Este capítulo hace figuras de cuerdas con los hilos de energías de movimientos oscilatorios de biologías, artes y activismos a favor del resurgimiento multiespecies. A lo largo del capítulo, ovejas navajo-churro, orquídeas, abejas en extinción, lémures, medusas, pólipos coralinos, focas y microbios desempeñan un papel primordial en compañía de sus artistas, biólogos y activistas. Aquí y en todo el libro, la creatividad sostenida de personas que se preocupan y actúan anima la acción. No sorprende que personas y pueblos indigenas contemporáneos, en conflicto y colaboración con muchos tipos de asociados, marquen una diferencia considerable. Biólogas y biólogos, empezando por la incomparable Lynn Margulis infunden el pensamiento y el juego de este capítulo.
El capítulo 4, “Generar parentesco”, es a la a vez un bis de los cronopaisajes del Antropoceno, el Capitaloceno y el Chthuluceno y un alegato a “Generar parientes, no bebés”. Feministas antirracistas, anticolonialistas, anticapitalistas y proqueer de todos los colores y todos los pueblos han sido durante mucho tiempo líderes en el movimiento por la salud y los derechos sexuales y reproductivos, prestando especial atención a la violencia de los órdenes sexuales y reproductivos hacia personas pobres y marginadas. Las feministas han sido líderes en argumentar que libertad sexual y reproductiva significa ser capaces de que niñas y niños, propios o ajenos, alcancen una madurez sólida con salud y seguridad en comunidades intactas. Las feministas han sido también históricamente las únicas en insistir en el poder y el derecho de toda mujer, joven o vieja, de escoger no tener hijos o hijas. Conscientes de la facilidad con que este posicionamiento repite las arrogancias del imperialismo, feministas de mi convicción insisten en que la maternidad no es el telos de las mujeres y que la libertad reproductiva de una mujer sobrepasa las demandas del patriarcado o de cualquier otro sistema. Alimentación, trabajo, vivienda, educación, la posibilidad de viajar, la comunidad, la paz, el control del propio cuerpo y la propia intimidad, los cuidados de la salud, una contracepción en buenas condiciones y amigable con las mujeres, la última palabra sobre si debe o no nacer un bebé, la alegría: estos y otros son derechos reproductivos y de la salud. Su ausencia en todo el mundo es pasmosa Por excelentes razones la feministas que conozco han resistido los lenguajes y las políticas de control de población ya que, con evidente frecuencia, responden más a los intereses de estados biopolíticos que al bienestar de las mujeres y su gente, joven y vieja. Los consecuentes escándalos en las prácticas de control de la población son fáciles de encontrar. Sin embargo, según mi experiencia, las feministas, incluyendo las de los estudios antropológicos y de la ciencia, no han considerado seriamente la Gran Aceleración de la cantidad de humanos, por temor a que hacerlo significara caer una vez más en el fango del racismo, el clasismo, el nacionalismo, el modernismo y el imperialismo.
Pero ese miedo no basta. Abstenerse de tratar la urgencia del casi insondable aumento de la cantidad de humanos desde 1950 puede llevar a caer en algo similar a la manera en que algunos cristianos evitan la urgencia del cambio climático porque toca muy de cerca la esencia de la propia fe. Cómo tratar la urgencia es la pregunta candente para seguir con el problema. ¿Qué significa la libertad reproductiva feminista decolonial en un mundo multiespecies peligrosamente turbulento? No puede tratarse únicamente de un asunto humanista, por más antiimperialista, antirracista, anticlasista y promujer que sea. Tampoco puede ser un asunto “futurista”, prestando atención solo a números abstractos y datos masivos y dejando de lado las vidas y muertes diferenciadas y estratificadas de personas reales. Sin embargo, un aumento de nueve mil millones de seres humanos a lo largo de 150 años, hasta llegar a unos once mil millones en 2100 -si tenemos suerte no es solo un número; y no puede justificarse culpando al Capitalismo o a ninguna otra palabra con mayúsculas. Es necesario empezar a pensar colectivamente de manera innovadora, a lo largo y ancho de los diferentes posicionamientos históricos y tipos de conocimiento y experiencia.
“Inundada de orina”, el capítulo 5, comienza con relaciones íntimas y personales, deleitándose con las consecuencias de seguir estrógenos que conectan a una mujer mayor con su perra más vieja, concretamente, yo y mi compañera e investigadora asociada Cayenne. Antes de que los hilos de la figura de cuerdas hayan sido rastreados lejos, recordando a sus colegas cíborg de camada y desechos*?, mujer y perro se encuentran en historias de investigación veterinaria, grandes farmacéuticas, crianza de caballos para estrógenos, zoos, activismo feminista DES, acciones interrelacionadas entre derechos de los animales y salud de las mujeres, y mucho más, el tema central es habitar con intensidad cuerpos y lugares específicos como medio para cultivar la capacidad de responder a las urgencias del mundo de manera recíproca.
Ursula K. Le Guin, Octavia Butler, hormigas y semillas de acacia pueblan el capítulo 6, “Sembrar mundos”. La tarea es contar un relato de aventuras SF con acacias y sus asociados como protagonistas, Es entonces cuando la teoría de la narrativa como bolsa de Le Guin viene al rescate, junto con las teorías de la bióloga Deborah Gordon sobre las interacciones entre las hormigas y el comportamiento de la colonia, para elaborar las posibilidades de la biología ecológica y evolutiva del desarrollo y las teorías de sistemas no jerárquicos que conformen las mejores historias. La ciencia ficción y el hecho científico cohabitan alegremente en este relato. Con Le Guin como su escriba, en los pasajes finales, la prosa de las semillas de acacia y la lírica de los líquenes dan lugar a la poética muda de las rocas.
“Una práctica curiosa”, el capítulo 7, se aproxima a la filósofa, psicóloga, estudiante humano-animal y teórica cultural Vinciane Despret, por su incomparable habilidad para pensar-con otros seres, humanos o no. El trabajo de Despret sobre la sintonización y sobre bichos que se vuelven mutuamente capaces de hazañas inesperadas en encuentros reales es necesario para seguir con el problema, Ella no presta atención a lo que se supone son capaces de hacer los bichos, por naturaleza o educación, sino a aquello que los seres evocan juntos y de manera recíproca que antes verdaderamente no existía, ni en la naturaleza ni en la cultura. Su tipo de pensamiento amplia las capacidades de todos los jugadores, esa es su práctica de configuración de mundos. Las urgencias del Antropoceno, el Caprutaloceno y el Chthuluceno requieren de ese tipo de pensamiento más allá de categorías y capacidades heredadas, en maneras concretas y modestas, como el tipo de cosas en las que se involucraron turdoides árabes (especie de ave de nidificación comunitaria)» y sus científicos en el desierto del Neguev.
Despret enseña cómo tener curiosidad y de qué manera estar de duelo haciendo presentes a los muertos en una presencia activa. Necesitaba su toque antes de escribir las historias finales de Seguir con el problema. Su práctica curiosa me preparó para escribir sobre las Comunidades del Compost y las tareas de los palabreros de los muertos”, ya que trabajan por la recuperación y el resurgimiento multiespecies de la tierra.
“Historias de Camille: Niñas y Niños del Compost” cierra este libro. Esta invitación a una fabulación especulativa colectiva sigue a cinco generaciones de una alianza simbiótica entre una niña humana y mariposas monarca a lo largo de las muchas líneas y nodos de las migraciones de estos insectos entre México y los Estados Unidos y Canadá. Estas líneas trazan socialidades y materialidades cruciales para vivir y morir con bichos al límite de la desaparición con el fin de que puedan continuar. Las Comunidades del Compost surgieron en todo el mundo a principios del siglo XXI sobre tierras y aguas arruinadas, comprometidas a nutrir capacidades para dar respuesta y cultivando maneras de volverse recíprocamente capaces. Estas comunidades se comprometieron a contribuir de manera radical a reducir la cantidad de humanos durante algunos siglos, a la vez que desarrollaron prácticas de justicia medioambiental multiespecies de una miríada de tipos. Cada nuevo bebé tenía al menos tres progenitores humanos, y la progenitora gestante ejercía la libertad reproductiva en la elección de un animal simbionte para el bebé, una elección que se ramificaba en las distintas generaciones de todas las especies. Las relaciones entre personas simbiogenéticas y humanos no enlazados trajo muchas sorpresas, algunas de ellas mortíferas, pero quizás las sorpresas más profundas surgieron de las relaciones entre vivos y muertos en los holobiomas de la tierra en una complejidad sinanimagénica. Muchos problemas, muchos parientes con quienes continuar.

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