19 de noviembre de 2020

Prólogo del libro: SALUD FEMINISTA SOBERANÍA DE LOS CUERPOS, PODER Y ORGANIZACIÓN

Compiladores:FUNDACIÓN SOBERANIA SANITARIA Editorial  Tinta Limón

Prólogo de Dora Barrancos

Los estudios concernientes a las relaciones de género y a las diversas identidades sexo sociales han alcanzado particular estatura cuanti y cualitativa en nuestro medio. Un dato revelador de esta circunstancia es el número de proyectos de investigación hospedados en los últimos años en el CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas). En esta institución, se contaban alrededor de doscientos abordajes hacia 2018, con una clara mayoría de propuestas de tesis doctorales y de planes de trabajo posdoctorales que indagaban sobre géneros, feminismo y diversidades sexuales. Sin embargo, la dimensión de la salud no constituye el escenario más concurrido por las indagaciones en clave generizada, aunque resultan incontestables las contribuciones con que contamos desde hace bastante tiempo en el país. Debe reconocerse que desde hace mucho disponemos de excelentes referencias en la materia.
Este libro se ofrece como una notable ampliación de los tópicos, de los problemas y de las existencias afectadas tanto por los procesos de salud-enfermedad como por las concepciones y los imaginarios relativos al cuerpo, en un sentido polisémico, que se distancia por completo de los determinantes biológicos. El conjunto de los textos reta a las tentaciones normativas del contrapunto normal vs. patológico, tan entrañable a las formas canónicas de la medicina. El propio título del libro es una toma de posición que constituye un desafío, porque resitúa en llave sociocultural a la dimensión de la salud, y de manera singular se propone un alzamiento contra lo prescriptivo alegando la soberanía sanitaria. No sorprende que una primera parte vincule de modo directo a los cuerpos y sus conformaciones genéricas con la cuestión de la autonomía como estatuto básico de salud, y que rápidamente incorpore el fenómeno de la violencia. ¿O es extraña a la salud la violencia que padecen las mujeres y les diverses? Los padecimientos, las humillaciones y las exclusiones debidos a las marcas de género se traducen como fenómenos al menos contra sanitarios. Agréguese que la marca patriarcal de la medicina apenas se ha atenuado y que sus concepciones asisten casi sin fisuras al fórceps antiemancipatorio. La medicina acodada sobre la biología es paradójica, porque la anamnesis no se realiza sobre el conversatorio entre órganos y sistemas, sino que quien oficia en el campo médico interroga acerca de fenómenos culturales, tales como el tipo de vida, alimentación, consumo, trabajo, etc. No obstante, el orden médico está todavía distante de mostrar competencias con el vocabulario que la cultura le dicta a la naturaleza.
Una segunda parte se despliega en torno del poder y su fragua en la dimensión de la salud. Las identidades socio sexuales tienen mucho que decir frente al ejercicio hegemónico de concepciones y prácticas, Los nuevos derechos obligan a reinterpretaciones, pero no cabe duda de que hay muchas dificultades para establecer nuevos paradigmas epidemiológicos. Y esto vale también para las conformaciones genéricas estandarizadas, “varón”, “mujer”, de imposible unanimidad ontológica cada una de esas categorías falsamente polares. Desde luego, las concepciones sedicentes están alteradas con las emergencias travestis, trans -y la suma de otredades-, manifestaciones estas que enloquecen la brújula del control médico, No podía faltar en este segmento dedicado a los intrincados vínculos con el poder la cuestión del aborto, cuya penalización habla alto acerca del ordenamiento patriarcal. Orden jurídico recostado sobre orden médico, que no se nos olvide, en una operación sinergial que ha cobrado innúmeras vidas sobre todo entre las más pobres, pues las formas más abyectas de la clandestinización son proporcionales a la segregación de clase de las gestantes. Las macizas movilizaciones de 2018 para conquistar el aborto legal, seguro y gratuito como derecho humano fundamental estuvieron a un tris de la victoria, y tenemos la convicción de que más temprano que tarde obtendremos la ley.

Por último, este libro ofrece una perspectiva feminista de intervenciones en la salud que van desde las formulaciones colectivas de autocuidado, con múltiples formas de gestión -incluyendo prácticas espirituales hasta los empeños solidarios de acompañamiento de quienes desean interrumpir embarazos no deseados, una saga conmovedora de sororidad. Con esas manifestaciones, se intercala una celebración del derecho a parir sin violencia, con dignidad, explorando determinadas experiencias militantes en nuestro medio. Entre los textos que se refieren a estas cuestiones, se sitúa la emblemática defensa del cultivo de cannabis con propósitos sanitarios, reclamo que finalmente pudo plasmarse -con limitaciones en una ley que, sin embargo, está muy lejos de la aplicación, como suele ocurrir con algunas de las prerrogativas alcanzadas.
Este libro ofrece un conjunto de reflexiones que el campo de la salud debe absorber para incidir con conductas que promuevan la autonomía y la dignidad. Resulta consternadora la rémora de las viejas concepciones acerca de los procesos de salud-enfermedad, la ceguera cognitiva respecto de la generización inexorable de tales fenómenos y, muy especialmente, la recusa de percepción contextual para hacer inteligible el lenguaje del cuerpo que enuncia sus significados contrariando a los presupuestos naturales. A menudo he sostenido una advertencia, y me parece más que adecuado dar la bienvenida a este libro volviendo a ella: para quienes creen a pie juntillas que hay una lectura trasparente de los fenómenos de la naturaleza, es bueno que sepan que la naturaleza no sabe que se llama naturaleza. Su lenguaje es el que hemos inventado, una arbitraria operación mediadora con la que damos por sentado principios y leyes. Conviene abdicar de su prepotencia, y hacer de la salud un estatuto libertario, tal como emerge como acicate de las páginas de este texto.

 

 

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